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Cosas Magazine Issue 523, 2013

Cosas Magazine Issue 523 – LUCES DE LA GRAN CIUDAD

Grimanesa Amorós dejó el Perú cuando era muy joven, pero que nadie mencione la palabra “desarraigo” al referirse a su trabajo: la impronta de los colores, las tradiciones y las memorias de nuestro país siempre han impregnado su obra, aunque en la mayoría de los casos no se trate de una influencia obvia, sino más bien sutil, casi imperceptible. Por eso, más allá de que tenga varios lustros de fértil residencia en Nueva York, el gran momento que experimenta Grimanesa es algo que todos debemos celebrar, pues no todos los años ocurre que una artista de origen peruano sea seleccionada para participar en la apertura de un evento de tanta trascendencia como la primera edición de la feria Art Basel en Hong Kong, por ejemplo.

Solo en los últimos meses, además de su aplaudida presentación en Hong Kong –fue invitada al Lejano Oriente por la revista “Bazaart Art” y la Royal Academy of Arts de Londres–, Amorós ha expuesto su trabajo en lugares tan disímiles como el emblemático Times Square de la Gran Manzana y la galería Litvak de Tel Aviv, una de las más importantes de Israel. Y poco antes fue convocada por el célebre diseñador Issey Miyake para “intervenir” su tienda en Tribeca, Nueva York, con sus esculturas luminosas, amén de montar exhibiciones en ciudades como Beijing, Seúl, Lafayette (Louisiana) y Alcoy (España).

“A la fiesta de apertura de Art Basel asistieron los movers & shakers del mundo del arte contemporáneo. Fue un evento muy importante, con alfombra roja y muchas celebridades asiáticas. Las reseñas que salieron en la prensa fueron todas muy elogiosas. Pero debo decir que, mientras trabajé en la instalación, en ningún momento tuve en mente la importancia de la pieza ni el lugar donde se exhibiría. Solo pensaba en dar lo mejor de mí”, afirma Grimanesa desde su loft neoyorquino, al recordar su reciente y luminoso paso por la feria artística de Hong Kong.

El Perú como influencia

“Todos mis amigos viven en el Perú. Mi familia inmediata también está en Lima. Voy poco a mi país, porque últimamente he tenido que hacer muchísimos viajes junto con mi obra. Pero estas visitas que hago todos los años a Lima me han ayudado a no perder mi esencia. Me gusta todo del Perú: la gente, los paisajes, la comida…”, asegura Grimanesa, quien abandonó nuestro país para perseguir su vocación artística en 1984. “Me encantaría exponer próximamente en el Perú, pero mis piezas no son fáciles de transportar y para ello siempre se necesita un presupuesto importante. Para mí, en este momento de mi carrera, no se trata de ir a hacer una exhibición para poner una línea más en mi hoja de vida. Cuando vaya quiero ofrecer a los peruanos lo mejor que tenga en ese momento. Tengo proyectos en muchas partes del mundo, pero no en el Perú. Pero creo que todo llegará en su momento”.

En la edición número 45 de la revista “Art.es”, cuya nota de portada es precisamente un gran reportaje sobre “Light Between the Islands”, la muestra que llevó Grimanesa este año a Tel Aviv, la prestigiosa crítica y curadora estadounidense Jane Farver escribió: “Amorós busca imágenes de la historia del Perú para su arte, pero no tiene una visión básica o nostálgica de su tema. Se siente completamente cómoda utilizando las últimas tecnologías y materiales y, a menudo, da charlas en universidades donde sus conferencias atraen no solo a futuros artistas sino también a estudiantes y docentes dedicados a la ciencia y la tecnología. (…) Tengo la sensación de que, en algún lugar del arte de Grimanesa Amorós, el pasado está encontrándose con el futuro”.

Y si el pasado en su obra se representa con el delicado influjo de los paisajes y la historia peruana, y el futuro, por las tecnologías de última generación a las que suele apelar para concebir sus deslumbrantes esculturas (que precisan, por ejemplo, de complejos programas de computadoras y luces LED), un punto intermedio para Grimanesa podría estar concentrado en el inveterado afecto de la artista por el mundo de la moda, que por definición debe nutrirse siempre del presente; de ahí que uno de los trabajos que recuerda con más cariño sea la intervención que hizo en la tienda más importante de uno de sus diseñadores favoritos: el japonés Issey Miyake. “Me gusta mucho la moda porque, como ocurre también con la tecnología, es algo que va cambiando constantemente y de una manera muy acelerada. Yo tengo un gran respeto por los diseñadores de moda, porque tienen que estar combatiendo siempre al tiempo. Esa permanente búsqueda de materiales, colores y formas para cada nueva temporada me atrae muchísimo. De hecho, mi relación con el mundo de la moda se ha ido dando de una manera extraña, casi accidental. Creo que, como me gusta tanto, se presentan estas cosas en mi camino, porque nunca las busco”.

Antes de terminar la conversación (Grimanesa debe tomar un avión con destino a Escocia, donde filmará un video-arte para una obra nueva en la que está trabajando), la artista nos habla de sus proyectos y de sus viajes, que en su caso son dos cosas absolutamente indesligables: “Después estaré yendo a San Petersburgo y Moscú, en Rusia, y más tarde viajaré a la ciudad de Tiflis, donde montaré una exhibición en la National Gallery de Georgia. Luego, el 13 de setiembre, tengo una muestra bastante grande organizada por el gobierno español en Tabacalera, una galería de Madrid. Y finalmente participaré en noviembre en la feria de arte de Shanghái, además de tener varios proyectos aquí en Nueva York para los últimos meses del año. ¡Estoy contenta de tener tanto trabajo!”.

Quizás cuando termine de recorrer el mundo, llegue el momento que Grimanesa tanto espera: el de iluminar con sus instalaciones etéreas y sus lúdicas esculturas la tierra que la vio nacer. Aquí la estamos esperando.

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